
Mucho se critica constantemente a la animación japonesa por recurrir a contenidos que ortodoxamente parecen rebasar los protocolos de los buenos modales. Sin embargo y a pesar de los constantes peros que parecen ponerle?a esta forma de entretenimiento, no solo comienza a tener más éxito, sino que sus contenidos han ido subiendo de tono, en particular durante los últimos cinco años, lo que dio lugar a la creación de la tan mentada Ley 156.

Y las preguntas son: ¿Por qué el anime y el manga siguen teniendo tanto éxito a nivel mundial a pesar de ser tan criticado? ¿Por qué a pesar de que en realidad los japoneses suelen ser todavía muy secos y reservados en su manera de ser, sus series proyectan personajes completamente contrarios. Aventureros, románticos, y a veces muy activos sexualmente?
La respuesta nos la da la misma historia de la humanidad. Cuando algo nos es prohibido, entonces nuestra creatividad crece y aparecen nuevas e ingeniosas formas que nos permiten alcanzar aquello que se nos ha prohibido.
Ya desde la historia de Adán y Eva quedó demostrado que cuando nos dicen “no lo hagas, no se puede” es cuando más nos esmeramos en hacer lo contrario. Cuando en Estados Unidos prohibieron la venta del alcohol fue cuando clandestinamente se crearon más? y más variedades de bebidas clandestinas. Cuando la iglesia señalo como pecaminoso hablar y exponer temas sexuales abiertamente duarnte la Edad Media, aparecieron los protocolos románticos más representativos de la humanidad y que se desarrollaron aún más durante el Renacimiento, como cantar al pie del balcón de la amada, escribir los poemas más bellos del mundo, crear los vestidos más tapados y a la vez más provocativos al exaltar las cinturas entalladas, los escotes reveladores o los pantalones con “cosquilla”* en el caso de los hombres, y todo para llegar al mismo resultado (el sexo) solo que por un camino largo y bastante divertido.
Al ser Japón un país muy protocolario, con una ascendencia de sociedades estrictas que prohíben hablar de sexo o?expresar sentimientos, sus habitantes encontraron en el manga (desde el período Edo) una forma de obtener ese placebo que les permitiera proyectar todos sus sueños frustrados, tal vez en mundos alternos y con historias diferentes a las que se viven en la vida real.
Hoy quizas ya no hay Shogunes, ni tampoco una sociedad tan dura y de elites tan marcadas como en el período feudal del Japón. Sin embargo, los protocolos, aunque distintos, siguen siendo demasiado estrictos y a veces discriminatorios. Ante este mundo donde la vida parece ir en una monotonía que inicia a las 6 AM, de ahí al metro y a la escuela o al trabajo, la hora de la comida y luego de regreso a la casa, tareas y labores tan rutinarias, el anime y el manga siguen siendo esa oportunidad para el japones de soñar con una pareja, con un romance, con una aventura o una historia que quizar por su carga de trabajo no pueden tener.
Por eso el anime y el manga tienen tantas historias que versan sobre mundos alternos (Gosick, Pumpking & Scissors, Chronos Crusade), aventuras increibles, (One Peace, Dragon Ball, Fairy Tale), romances divertidos o prohibidos (Kaichou wa maid-sama, Love Hina, Clannad, Gakuen Heaven, Gravitation, Candy Boy, Ao Hana, etc) o incluso la mezcla de todo (Mazinger Z, Macross, To Love Ru).
Desde luego, tambien es una forma inofensiva de entretenerse, sin tener que explotar sexualmente a nadie (hasta ahorita no se de ningún dibujo que se haya quejado de?maltrato o abuso que les puedan causar trauma), sin poner en riesgo a nadie (tampoco se de una aseguradora que tenga en la lista negra a algun personaje de anime como en el caso de Jacky Chan) y sin gastar tantos recursos o atenerse a los caprichos de diva que normalmente caracterizan a los actores y actrices de Holliwood.
En todo caso, el peligro tal vez se extienda a la forma de asimilar el contenido de la animación japonesa por otros grupos culturales, de manera que no faltaran los fanánicos que quieran hacer lo mismo o que retomen ideas de las que han visto en estas series. Lo cual es lo que ha preocupado a muchos grupos en el mundo, aunque ello más bien es un problema de educación o de situaciones culturales ajenas a la nipona.
Lo cierto es que tenemos la Ley 156 ya en vigencia. Una nueva prohibición se ha presentado. Sin embargo, lejos de preocuparnos por lo que ya no podamos ver, tal vez deberíamos estar atento a las nuevas propuestas que es muy seguro que van a aparecer, pues recuerden que cuando algo nos es prohibido, entonces nuestra creatividad siempre trae algo nuevo para suplir aquello de lo que nos han privado.
¿O ustedes que piensan?





